Hay recuerdos que regresan sin hacer ruido.
Llegan despacio, como llega la tarde cuando uno está distraído mirando por la ventana. No anuncian su llegada; simplemente aparecen y se sientan junto a uno, como si siempre hubieran estado ahí.
A veces basta una canción para que todo vuelva.
Entonces recuerdo aquellos días sencillos, cuando la vida parecía caber en una risa compartida o en una conversación que se alargaba más de lo que el tiempo permitía.
Días en los que no sabíamos que estábamos viviendo algo que después se volvería recuerdo.
Porque uno no entiende el peso de las cosas mientras las tiene en las manos.
Hay personas que pasan por la vida de uno como pasa el viento por los campos: sin pedir permiso, pero dejando el movimiento de todo lo que toca. Y aunque después el silencio vuelva a su lugar, algo queda distinto para siempre.
Así es el amor también.
Amores que no llegaron con promesas grandes ni con palabras solemnes. Llegaron de manera sencilla, casi por casualidad como si la vida los hubiera puesto en el camino solo para ver qué pasaba.
Y pasaron cosas hermosas.
Risas que todavía puedo escuchar si cierro los ojos. Caminos que se cruzaron apenas un poco, pero lo suficiente para dejar huella. Momentos pequeños que, con los años, se volvieron grandes dentro de la memoria.
Claro que también hubo errores.
De esos que uno entiende demasiado tarde.
A veces pienso que la vida nos pone frente a personas que valen oro cuando todavía no sabemos reconocer el brillo. Y uno las deja ir sin darse cuenta de lo que tenía entre las manos.
No por falta de cariño, no.
Sino por esa estupidez que da la juventud por no saber que algunos momentos son únicos y no regresan.
Con el tiempo aprendí a mirar atrás sin rencor hacia algunas personas y trabajando mis propios errores.
Solo con una especie de nostalgia.
Porque aunque aquellas historias no se quedaron, dejaron algo en mí.
Una manera distinta de mirar el mundo.
Una forma más suave de entender el cariño.
Un recuerdo que, de vez en cuando, vuelve a acompañarme.
A veces me pregunto dónde estarán ahora.
Si la vida les ha dado las cosas buenas que merecen.
Si aún guardan algo de aquellos días ligeros en que todo parecía posible.
Quizá nunca lo sepa.
Pero hay algo que sí sé.
Hay personas que no desaparecen del todo. Se quedan viviendo en la memoria.
Y... si por alguna casualidad alguna de estas personas llegara a encontrarse con estas palabras…
Quisiera que supiera que no todo se perdió con el tiempo.
Que aprendí mucho de su compañía.
Y que, aunque los caminos siguieron su rumbo, todavía guardo esos recuerdos con el mismo cuidado con que se guardan las cosas más valiosas.
Es verdad, hay amores que no estaban hechos para quedarse, o no estaban en su tiempo adecuado...
Estaban hechos para enseñarnos. A querer a crecer, a comprender, a escuchar, a dialogar, a sentir, a mil y un cosas...
Y tal vez de eso se trataba todo desde el principio.
De aprender.
De ir recogiendo cada risa, cada error, cada despedida. De guardarlas en el bolsillo del alma hasta que un día uno descubre que con todas ellas se ha ido construyendo a sí mismo.
Hoy entiendo que cada persona que pasó por mi vida dejó una parte de lo que ahora soy.
En su paciencia aprendí calma.
En su ternura aprendí a mirar con más cuidado.
En las despedidas aprendí a valorar lo que permanece.
Nada de eso se perdió.
Todo vive aquí, en esta forma distinta con la que ahora abrazo al mundo.
Porque uno crece así: aprendiendo a querer mejor.
Aprendiendo a cuidar lo que antes se nos escapaba entre las manos. Aprendiendo a mirar a los demás con más gratitud que miedo.
Aprendiendo también a reconciliarse con uno mismo.
Y quizá por eso, cuando vuelvo a pensar en esos amores que no fueron, ya no siento solamente nostalgia.
Siento agradecimiento.
Porque sin saberlo, cada uno dejó algo que hoy me permite amar con más verdad.
Amar a las personas que caminan conmigo ahora.
Amar este mundo imperfecto que seguimos descubriendo día a día.
Y también (algo que antes no sabía hacer) aprender a quererme un poco más a mí mismo.
Así que si estas palabras alguna vez llegan a los ojos correctos, solo quisiera decir algo sencillo:
Gracias por haber estado.
Aunque haya sido solo un momento en el largo camino de nuestra vida.
....
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