Bocas abiertas, la lengua asomando
y buscando los labios de la compañera,
la mirada fija en los ojos de la amante
y un pequeño gemido ahogado hace
que no se paren las ganas de seguir unidos
por el sexo, como si no hubiera otra cosa en la vida.
Fuera de esta habitación ya nada existe
y ellos dos son los únicos habitantes
de un nuevo mundo llamado placer...
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