"Deberás conocer cada respiro de tu enemigo si quieres encararlo", Cotard sabia muy bien el significado de aquella frase.
No se sabe a ciencia cierta que era Cotard antes de fundir su corazón con los deseos de los dioses antiguos, y mucho menos se sabe que es ahora. Se le ve viajando solo entre las las obscuras sombras que deja la luz de la luna. Errante y hambriento, viajando de pueblo en pueblo consumiendo los miedos que sus habitantes podian tener.
Habia quienes lo tomaban como un guardian, pues les dejaría a los mas pequeños soñar placidamente mientras él engullia vorazmente las pesadias que intentaban allanar sus sueños.
Pero tambien habia una gran mayoria que lo juzgaba con fuerza por su forma y comportamiento.
Le atacaron con flechas llameantes y con dagas, a lo que Cotard respondia con un sepulcloso silencio mientras extendia sus alas y volvia a desparecer entre las sombras del cielo. Su vida se habia resumido a ese monotono ciclo.
Una noche, mientras se aproximaba a un nuevo pueblo escucho gritos de terror tan ensordecedores que encendio sus instintos, abriendo su apetito más y más mientras se acercaba. Al llegar, desde lo alto vio a las familias enteras correr buscando refugio de seres con cuerpos torcidos, olores putridos que emanaban una energia de odio.
Con el miedo avivandose en cada casa y cada calle, Cotard sintio una fuerza descomunal queriendo salir de el, las ganas de atacar y devorar no tenian cabida en su ser...
Desgarro, mutilo y consumio cada alma obscura y corrompida que asediaba al pueblo, los indefensos aldeanos miraron con asombro la impactante escena que ocurria en sus calles, al ver que Cotard sacaba ventaja en la batalla, lentamente sus guerreros mas jovenes empezaron a salir de sus trincheras uniendose a la batalla.
Empezaron por un pequeño puñado de ellos y al poco tiempo la gran mayoria del puedo habia salido con armas improvisadas, desde una pala hasta cadenas amartilladas.
Un par de horas mas tarde el pueblo habia erradicado a todas las bestias y las mitadas estaban fijadas en Cotard. Por primera vez no sintio miedo a su alrededor.
Una pequeña niña solto el brazo de su madre y corrio hacia Cotard ante la mirada del puedo atonito. Extendio sus pequeños brazos mostrandole lo que parecia ser un oso de juguete. Cotard se mantuvo en silencio un momento, para despues extendes abruptamente sus alas y cubrir a la niña con el, los pobladores se quedaron quietos ante el acto, unos pocos levantaron ligeramente sus armas cuando las alas empezaron a abrirse lentamente para mostrar que bajo los pies de la pequeña niña se extendia un campo de flores coloridas.
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