Creo que ha llegado el instante de reconocer que se ha paso de una tragedia a una farsa, de la necedad a la locura.
La veo. Me mira. Ahí esta, al otro lado del lago, siguiendome a todos lados pero sin prisa. Cada noche escucho sus pasos rondar por las calles aledañas, sus pasos firmes y arritmicos se vuelven un taladro en mi mente.
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