domingo, 10 de agosto de 2025

Entre dos latitudes

Entre dos latitudes

Hay días en que despertar en un país extranjero se siente como vivir en dos mundos al mismo tiempo. Aquí, en Polonia, todo es nuevo: el frío de la noche es distinto, las calles que cuentan historias que no son las mías, el idioma que aún no termina de encontrar espacio en mi boca. Y, sin embargo, en medio de esta novedad, mi mente vuelve una y otra vez a las risas de mis amigos, a la voz de mi familia, al olor de mi tierra.

La nostalgia llega sin avisar. A veces basta una canción, un aroma o una comida improvisada para abrir una grieta y dejar que se cuele la melancolía. No es tristeza pura: es una mezcla extraña entre extrañar lo que fui y admirar lo que ahora estoy intentando ser.

Porque, aunque haya días pesados, estoy aquí por una razón: para demostrarme que puedo. Que soy capaz de salir de mi zona de confort, de aprender, de adaptarme, de sobrevivir y también de disfrutar. Que puedo convertirme en alguien que vive con un pie en su pasado y otro en su futuro, y que, a pesar de la distancia, no pierde la esencia de lo que lo trajo hasta aquí.

Este camino no es fácil. Pero cada día fuera, cada paso que doy en esta tierra ajena, es una prueba más de que soy más fuerte de lo que creía.

Y eso, aunque la nostalgia pese, es algo que me llena de esperanza.

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