viernes, 15 de agosto de 2025

Entre raíces

Entre raíces


Hoy sentí que el alma me pedía un respiro, uno de esos que no se encuentran en casa, sino en lugares donde la tierra habla y el cielo escucha. Ven, camina conmigo...


El sendero se abre como un antiguo pergamino escrito con hojas secas y sombras suaves. El suelo cruje bajo nuestros pasos, no como ruido, sino como un lenguaje secreto que solo los árboles entienden. El aire huele a lluvia lejana y a historias olvidadas, como si el bosque guardara memorias que quiere confiarnos.


Cada paso es un desprenderse. Atrás quedan las prisas, las voces, la carga invisible que llevamos sin darnos cuenta. Aquí, el tiempo se diluye. Un pájaro canta, y juro que por un instante su canto parece un conjuro para ahuyentar la tristeza.


Nos detenemos... Cierra los ojos conmigo. Siente cómo el viento roza tu piel como si quisiera recordarte tu nombre verdadero, ese que solo conoces en sueños. La luz se filtra en finos hilos dorados que parecen bendecir la tierra. Respira. Una vez. Otra. Deja que el aire entre y se lleve lo que no necesitas.


Cuando abrimos los ojos, el sendero ya no es el mismo. O quizás somos nosotros quienes hemos cambiado, como si hubiéramos bebido de una fuente invisible. Y aunque pronto regresaremos —tú a tu vida, yo a la mía—, llevaremos un amuleto invisible: este instante suspendido, este bosque grabado en la memoria, al que podremos volver siempre, aunque solo sea cerrando los ojos.

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