En la noche callada, la ciudad se detiene,
las luces en rojo respiran su pena.
Ni pasos, ni autos, ni voces que suenen,
solo el frío y el viento hacen escena.
Cruce vacío, frontera sin prisa,
como un alma que espera.
Bajo el neón rojo que nunca avisa,
los pasos cruzan, son de ánima extranjera.
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