miércoles, 23 de junio de 2021

Transformaciones elipticas

Negarse a aceptar la realidad siempre ha sido de las cualidades necias, sobre todo al creer que las contrariedades, las desgracias y la infelicidad, solo son una estupidez, un verdadero abismo cruel y maligno en el que los humanos solemos caer perdidos; cuando en realidad estamos eliminando lo que me nos revela el buen camino y la felicidad. Dejar ese orgullo humano, aceptar que la vida misma está llena de desgracias y es lo que nos puede llevar a buscar otras alternativas en este tierno y frágil laberinto que a ojos de otros pareciera imposible de resolver. 

Labio lacio, mis ojos son la vertiente de tus demonios, y esa ilusión, tamos donde caes dentro, blando donde te recuestas repugnante temeroso a doblar la piel en pequeños trozos de misterio, ese orgullo que te cubre en soledad.

En tus brazos, solitario, redescubriría la palabra paciencia, el deseo al objeto, al deseo mismo y al humano. Entonces nunca falta el hastiado que presume su orgullo a modo vanidoso, la presunción de consenso convierte lo efectuado egocentricamente en acción comunicativa.

Concete la ilusión: deja que la imagen del Sol te llene las venas de emociones, prendan fuego a tu carne, caliente tus manos, horneé tu lengua, te deje blando, tierno. Te haga cenizas.

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