sábado, 19 de junio de 2021

Conejo en la luna

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi me mano, como si por primera vez tu boca se entendía entreabriera y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, y recomenzar, hago nacer cada vez la boca en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mi para dibujarla con mi mano por tu cara y que por azar que no busco comprender exactamente con tu boca que sonrie por debajo de la que mi mano te dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos, cada vez más de cerca y nuestros ojos se agradan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apenas apoyando la lengua en los dientes. Jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con perfume y un silencio.

Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos de dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible obsorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una saliva y un solo sabor a fruta madura y yo te siento temblar contra mi como una luna en el agua.

Indudablemente yo amo cuando las estrellas musitan y el cielo pareve oscurecerse eternamente situado a la luna en una llama intensa que parece nunca extinguirse. También cuandl las flores amanecen secas e inclinadas desde sus tallos delgados, cuando la melodía del silencio prevalece en la voz de los seres solitarios.

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