sábado, 6 de septiembre de 2025

75 Días

 Han pasado 75 días desde que llegué a Polonia. Setenta y cinco amaneceres distintos, lejos de lo conocido, lejos de las voces que me daban calma y de los rostros que eran mi refugio. A veces me sorprendo de lo rápido que pasa el tiempo, y otras veces siento que cada día pesa el doble.

Estar lejos es un reto de fuerza de voluntad. Uno no se aleja de casa por gusto al vacío, sino por esa necesidad de buscar oportunidades, de atreverse a entrar en lo incierto, aun cuando el corazón se aferra a lo que ya conoce. En ese viaje, la soledad se convierte en compañera: a veces cruel, a veces noble. Cruel porque recuerda constantemente lo que falta, pero noble porque obliga a mirarnos de frente y descubrir de qué estamos hechos.

Aprender a lidiar con la soledad no es sencillo. Hay días en los que me parece un muro infranqueable, y otros en los que descubro que también es una puerta hacia la calma, hacia el reencuentro conmigo mismo. En este camino encuentro más preguntas que respuestas, pero quizás de eso se trata: de aprender a convivir con la incertidumbre, sin perder la esperanza de que cada paso me acerca más al futuro que busco.

Hoy, al mirar atrás y contar 75 días, no me siento derrotado. Al contrario, me siento más consciente de la fuerza en mi para resistir, crecer y confiar en que todo este trayecto valdrá la pena sin importar lo que pase al final.

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