miércoles, 27 de mayo de 2026

Deficiente

Hay palabras que no deberían pesar tanto.

Palabras pequeñas, comunes incluso. Palabras que algunas personas lanzan durante una discusión y olvidan minutos después.
Pero hay otras personas que no pueden olvidarlas. Personas para las que ciertas palabras no terminan cuando son pronunciadas, porque continúan haciendo eco mucho después, atravesando recuerdos viejos, inseguridades antiguas y heridas que jamás terminaron de cerrar.

“Deficiente” es una de esas palabras para mí.
La he escuchado más de una vez en mi vida. En distintos contextos, distintas voces, distintos momentos. Y aunque cada ocasión fue diferente, el efecto siempre terminaba pareciéndose demasiado: sentir que algo en mí estaba fallando. No un error puntual. No una equivocación humana. Algo más profundo. Como si mi forma de existir estuviera por debajo de un mínimo esperado.

Y quizá ahí está el verdadero problema de esa palabra: siempre implica una expectativa previa.
Nadie llama “deficiente” a algo que no espera que funcione. La palabra nace cuando existe un estándar, un rol, una medida social invisible que supuestamente deberías alcanzar.

Ser suficientemente fuerte. Suficientemente útil. Suficientemente estable. Suficientemente productivo. Suficientemente emocional, pero no demasiado. Ser capaz de soportar el ritmo, responder bien, adaptarte rápido, cumplir.
Y cuando no puedes, aunque estés intentando con todo lo que tienes, el mundo parece resumir tu agotamiento en una sola conclusión: eres deficiente.

Lo más desgastante es que muchas veces uno sí intenta.
Intenta encajar. Intenta responder correctamente. Intenta no cansarse. Intenta no romperse. Intenta ser funcional incluso cuando por dentro algo ya viene fracturándose desde hace tiempo.

Pero hay límites que no son visibles. Hay cansancios que no tienen explicación sencilla. Hay dolores que no saben expresarse correctamente porque llevan demasiado tiempo acumulándose en silencio.
Y cuando alguien toca justo esa herida con una palabra así, no destruye únicamente el momento presente: derrumba ideas, recuerdos y percepciones enteras que uno llevaba años sosteniendo con dificultad.

A veces envidio a las personas a las que todo parece resbalarles.
Personas que reciben un golpe emocional y continúan como si nada. Personas que en horas o días logran seguir adelante. Yo no funciono así. Hay cosas que se quedan conmigo durante semanas, meses o incluso años. Comentarios que regresan de madrugada. Frases que reaparecen en momentos de inseguridad. Heridas que nunca estuvieron completamente cerradas y que aprenden a disfrazarse de normalidad hasta que alguien vuelve a abrirlas.

Y sí, sé que desde fuera puede parecer exagerado.
Pero el problema nunca es solo la palabra.
Es todo lo que despierta.

Porque uno termina agotándose de intentar constantemente cumplir con expectativas humanas imposibles de medir. Agotándose de tener que demostrar valor todo el tiempo. Agotándose de sentir que cualquier error personal puede convertirse en una prueba de insuficiencia.

Todo cansa al final.
Las exigencias. Las comparaciones. La necesidad constante de rendir emocionalmente. El miedo a decepcionar. La sensación de no estar llegando nunca al estándar correcto.

Y hay días donde uno simplemente llega a un límite difícil de explicar. Un límite que ni siquiera sabe cómo externar, porque traducir el agotamiento emocional en palabras es mucho más complicado de lo que la gente cree.

A veces no quieres soluciones. No quieres consejos. No quieres discursos de superación.

Solo quieres que alguien entienda que hay batallas internas que consumen más energía de la que aparentan. Que algunas personas llevan años intentando sobrevivir dentro de sí mismas mientras afuera parecen completamente normales.

Y quizá eso es lo más cruel de todo: que el mundo suele medir el sufrimiento únicamente cuando logra verlo.
Pero existen heridas silenciosas que también pesan.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Batalla Silenciosa

La batalla silenciosa que libramos contra nosotros mismos Hay luchas que el mundo puede ver. Problemas que se muestran en el rostro, dificul...