Listo, Karma.
Me dejaste amar,
ser amado
y perderlo todo...
...Ya no te debo nada.
Durante mucho tiempo pensé que existía algún tipo de cuenta pendiente entre nosotros.
Una deuda invisible escrita en algún rincón del universo. Cada fracaso parecía una cuota más. Cada despedida, un interés acumulado. Cada noche en silencio, una factura que llegaba sin aviso.
Y yo pagaba.
Pagaba con paciencia cuando quería gritar.
Pagaba con esperanza cuando ya no quedaba mucho que salvar.
Pagaba con pedazos de mí que jamás recuperé.
Hasta que un día, me permitiste tocar algo hermoso.
Me dejaste amar.
No de esa forma ingenua con la que uno ama cuando aún no conoce el dolor.
Me dejaste amar después de las heridas. Después de las traiciones.
Después de aprender que el corazón no es de acero, sino de cristal.
Y... también me dejaste ser amado.
Te lo agradezco.
Todavía recuerdo esos momentos pequeños. Insignificantes para cualquiera, pero los más importantes para mí. La tranquilidad absurda de saber que alguien estaba ahí, era un refugio.
Por un instante sentí que la vida podía ser amable.
...Me equivoqué...
Y lo perdí todo.
Porque así funcionan algunas historias. No terminan cuando el amor desaparece. Terminan cuando te das cuenta de que ya no queda nada por decir.
Hubo días en los que te odié por eso, Karma.
Te odié por dejarme probar la felicidad solo para arrebatármela después.
Te odié por hacerme creer que esta vez sería diferente.
Te odié por las canciones que ya no pude escuchar sin sentir un nudo en la garganta.
Por los lugares que se convirtieron en fantasmas.
Por las promesas que nunca llegaron a romperse porque simplemente se quedaron suspendidas en el aire.
Pero, incluso esa ira se desgasta.
Todo se desgasta.
La rabia.
La tristeza.
La nostalgia.
Hasta el amor aprende a quedarse quieto cuando el ruido desaparece.
Al final te queda algo extraño: compasión.
No por quien se fue.
No por mí.
Sino por la persona que fui mientras intentaba sostener lo inevitable.
Hoy miro atrás y ya no veo una tragedia.
Veo un capítulo hermoso y cruel al mismo tiempo.
Un recuerdo que todavía duele si lo aprieto demasiado.
Supongo que..
Perder no siempre significa que te quitaron algo. A veces significa que tuviste la fortuna de tenerlo.
Y aunque hubiera querido otro final, aunque todavía existan noches donde ciertos recuerdos regresan sin permiso, ya no siento que el universo me deba explicaciones.
La balanza está en paz.
Amé.
Me amaron.
Lo perdí.
Sobreviví.
Listo, Karma... Ya no te debo nada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario