Se rozan, se provocan, se adivinan
Se persiguen, se esquivan, se lastiman
Se descubren al borde del silencio
Se consumen despacio en el incendio
Se desatan, se tiemblan, se reclamanSe derrumban, se elevan, se derraman
Se pronuncian con labios invisibles
Se convierten en algo indefinible
Se sostienen, se rompen, se separan
Se desnudan el alma y se disparan
Se atraviesan la noche con las manos
Se hacen humo, relámpago y verano
Se abandonan, regresan, se extravían
Se hacen falta aun teniéndose encima
Se devoran los miedos y la calma
Se incendian la piel, se salvan el alma
Se desafían, se tientan, se persisten
Se descifran en sombras que no existen
Se convierten en vértigo y latido
En un nombre jamás reconocido
Se demoran, se apagan, se encendieron
Se juraron un siempre que rompieron
Se encontraron al fondo de la herida
Dónde duele más hondo la vida
Se desgastan, se buscan, se renacen
Se construyen un mundo que deshacen
Se suspenden en un segundo eterno
Entre hielo brutal y fuego interno
Se recuerdan, se olvidan, se atraviesan
Se convierten en duda y en certeza
Se derriten igual que la lluvia en vidrio
Se condenan felices al delirio
Se contienen, explotan, se enloquecen
Se prometen quedarse y desaparecen
Se convierten en eco y despedida
En la última luz de una caída
Se pronuncian sin voz, se deletrean
Se mutilan las ganas y las crean
Se persiguen por calles infinitas
Se reinventan detrás de cada herida
Se intoxican de besos y memoria
Se hacen ruina, milagro y trayectoria
Se desgarran el miedo con los dientes
Se descubren absurdamente urgentes
Se presienten aun estando lejanos
Se convierten en hambre entre las manos
Se acarician el caos y la condena
Se hacen canción, naufragio y marea
Se reinventan el pecho contra el tiempo
Se refugian un instante en el cuerpo
Se despiden, regresan, se consumen
Se hacen polvo, universo y costumbre
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