Te pasaste de listo
y al no remediarlo ni mintiendo a borbotones, se te mandó al sillon de madrugada; después de lamentarte y lloriquear un rato, agarraste la sabana que te consolaba y saliste a la terraza.
El cielo estaba que te vas de nalgas de lo pelon de nubes, la curvatura del cinturon de estrellas era una clarisima rodaja de leche suspendida más allá de donde es el cielo y tú.
Tremendo lloron, temblando de frío en pleno verano, solo pensabas en la mitologia griega mientras veias los meteoros pasar.
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