Que extraño hechizo de esas melodías que brotan de nosotros mismos durante las noches que pasamos en vela. El ritmo y la evolución sinuosa de un canto de encantó que no puede alcanzar el éxtasis, dado que hay, en ese desencadenamiento melancólico demasiada nostalgia.
Pero, ¿nostalgia de que? resulta difícil decirlo pues los insomnios son demasiado complicados para que podamos darnos cuenta de lo que hemos perdido. Quizás ello sea debido a que la perdida es infinita.
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