jueves, 23 de septiembre de 2021

Seguir en la constante

Hay personas (y aparentemente yo soy una de ellas) a quienes les cuesta muchísimo trabajo llegar a lo mismo que otras que, sin dar tantas vueltas lo consiguen. Por ejemplo, descubrir que simplemente se trataba de disfrutar la vida, algo que yo descubrí hace poco.

Me pasé décadas tratando de entender cuál era el asunto. Y si no hubiera sido por la advertencia de Goethe habría parado en el mismo desenlace triste que su personaje cuando al principio de la obra, la decepción de la vida lo lanza al mefistofelico negocio de la venta de su alma. Lo supe a tiempo y mezcle en mi vida dosis fuertes de ... pues eso, vida. Finalmente, lo único de lo que no me arrepiento.

Pero de todos modos invertí tiempo precioso precisando entender el sentido que según mi ingenuidad, debía estar muy por encima del común de la gente que de inmediato se lanza sin más cuestionamientos.
Que fácil habría sido este viaje si me hubiera sumergido al sentido común, ese que dice que cuando algo se pone mal y sigue mal, es evidente que empeorará, entonces lo sensato es apartarse y asunto concluido. Pero no, necio como yo solo. Me empeñe mucho tiempo en sostener lo insostenible y en procurarme posibilidades para lo imposible. 

Al final no me arrepiento. Una cosa es  considerar una salida como remedio y otra comprender que no hay más remedio.

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