miércoles, 31 de diciembre de 2025

Mensaje para todxs

Quiero empezar este nuevo año deseándoles, de corazón, cosas buenas. Paz, crecimiento, oportunidades, aprendizajes y momentos que valgan la pena recordar. Que este ciclo traiga claridad, fuerza y pequeños triunfos cotidianos que a veces son los que más importan. A quienes siguen cerca, gracias por permanecer. A quienes llegan, bienvenidos. Y a quienes leen estas palabras, aunque sea por un instante, les deseo un año amable.

Pero este mensaje no es solo para quienes hoy caminan conmigo. También es para quienes ya no están. Para las personas que, por distintas razones, tomaron otro rumbo. Algunas se fueron por decisiones propias, otras por decisiones externas, y algunas —lo reconozco— por errores míos. No escribo esto desde la culpa, sino desde la conciencia. Porque no olvido a nadie, y porque cada ausencia también me ha enseñado algo.

Con el paso de los años he procurado mejorar, no como una promesa perfecta, sino como un proceso real. He aprendido a mirar mis fallas sin huir, a asumir responsabilidades y a crecer desde ahí. Entiendo la distancia que se haya generado, y la respeto. Al mismo tiempo, reconozco el camino que he recorrido, lo que he construido y lo que sigo aprendiendo a ser.

Por eso, incluso a quienes ya no me recuerdan, incluso a quienes no volverán, incluso a quienes solo fueron parte de un capítulo: les deseo éxito, calma y felicidad. De verdad. Que la vida les sea ligera, que encuentren lo que buscan, y que el nuevo año los trate con justicia y ternura.

Este año empieza con gratitud, memoria y esperanza. Y con la certeza de que crecer también es saber desear bien, incluso en la distancia.

jueves, 13 de noviembre de 2025

Cuando todo pesa más

Hay días en los que el mundo se siente más pesado. No porque haya pasado algo específico, sino porque simplemente todo parece acumularse. Las responsabilidades, las expectativas, los ruidos, los pendientes que se multiplican sin permiso. Y ahí estoy, intentando sostenerlo todo, aunque las manos ya tiemblen un poco.

Me siento abrumado. Es como si el aire costara más, como si cada pensamiento viniera con su propio eco, recordándome que no voy tan rápido como quisiera, que no llego a todo lo que debería, que no soy suficiente.
Y aunque sé que no es verdad —que nadie puede con todo, que a veces basta con seguir respirando—, hay momentos en los que esa verdad se siente lejana, difusa.

Tal vez esto es solo un recordatorio de que también se vale detenerse. Dejar caer un poco el peso, aunque sea por un rato. No todo tiene que resolverse hoy, ni todo tiene que tener sentido ahora.
A veces solo hay que admitirlo: me siento cansado, me siento abrumado.
Y eso también está bien.

miércoles, 1 de octubre de 2025

Hogar

Pronto regresaré a casa después de este largo viaje en solitario. No sé muy bien cómo describir lo que siento: es una mezcla extraña entre alivio, nostalgia y un poco de ansiedad. Por un lado, me emociona la idea de volver a lo conocido, de reencontrarme con mi hogar y con esas pequeñas rutinas que siempre terminan dando calma. Por otro, me invade esa sensación agridulce de dejar atrás un capítulo que, aunque no terminó siendo lo que imaginaba, sí dejó huellas en mí.

No tengo nada malo que decir de este viaje. Me mostró paisajes que nunca había visto, me dio momentos de silencio profundo y también instantes de compañía inesperada. Sin embargo, descubrí algo que no es fácil aceptar: este lugar no es para mí. Y aunque podría sonar a fracaso, lo cierto es que no lo siento así. Reconocer dónde no encajamos también es parte del camino. Es, de alguna manera, una brújula que nos va acercando hacia el sitio donde sí podremos sentirnos plenos.

Se dice mucho que los viajes cambian a las personas. Suena a frase repetida, pero al vivirlo en carne propia me doy cuenta de lo real que es. No se trata solamente de conocer nuevos espacios, sino de enfrentarse a uno mismo en circunstancias distintas, de poner a prueba la paciencia, la fortaleza y hasta la manera en que miramos la vida. Este viaje me cambió porque me obligó a escucharme más, a observar mis límites y a valorar lo que realmente me da sentido.

Hoy me voy con la certeza de que sigo en busca de un lugar donde pueda sentirme completo. No lo encontré aquí, pero sí encontré preguntas nuevas y respuestas que no esperaba. Quizá, al final, eso es lo más valioso que uno se lleva: la claridad de que cada paso, incluso los que no nos conducen al destino soñado, nos acercan un poco más a lo que buscamos.

Regreso a casa con el corazón agradecido y con la esperanza de que lo mejor aún está por venir.

sábado, 20 de septiembre de 2025

El camino hacia el Yo

El camino hacia el Yo

Hay decisiones que no se toman buscando lo correcto o lo incorrecto, sino porque sentimos, en lo más profundo, que es necesario caminar hacia otro lugar. Así fue con Siddhartha en la novela de Hermann Hesse: él dejó a su familia no porque lo rechazara, sino porque había algo en su interior que le exigía partir, buscar, equivocarse y encontrarse de nuevo.

Pienso mucho en eso cada vez que me miro a mí mismo en esta etapa de mi vida. Hay algo que me empuja a seguir avanzando, aun cuando no hay garantías de nada. La zona de confort es segura, pero también puede volverse una prisión. Salir de ella duele —como si arrancáramos raíces—, pero en ese dolor hay algo vivo, algo que nos recuerda que seguimos en movimiento.

Hegel, en la Fenomenología del espíritu, decía que la conciencia solo avanza a través de la negación: primero debe romper su estado anterior para transformarse en algo nuevo. Así me siento en este camino: no soy el mismo que antes, pero tampoco soy todavía quien estoy destinado a ser. Vivo en ese espacio de transición, en la dialéctica de lo que fui y lo que seré.

La soledad también forma parte de esta experiencia. A veces es áspera y pesada, otras veces es un silencio fértil en el que mi mente se ordena. No es mi enemiga; es la maestra que me obliga a mirarme por dentro, a hacerme preguntas que nunca me haría rodeado de ruido y compañía.

Entiendo ahora que la meta no es eliminar el dolor ni responder todas las dudas, sino aprender a caminar con ellas. Tomar decisiones no para acertar, sino para seguir aprendiendo, para dejar que el movimiento me transforme. Y quizás, como Siddhartha, un día descubra que lo que busco no está en un lugar lejano, sino en la manera en que he aprendido a escucharme a mí mismo.

miércoles, 17 de septiembre de 2025

Dos cuentos de terror

°Escribí estos cuentos durante mi viaje, espero que sean de tu agrado.



Los rostros de las cumbres



El poblado yacía en un valle oprimido por montañas enormes, coronadas por eternas nieblas que parecían no disolverse jamás. Se trata de un lugar olvidado por el mundo, oculto en los mapas, donde los caminos de tierra se desmoronan bajo la lluvia y las ruedas de los carruajes se hunden en el barro. La gente allí no hablaba demasiado, tampoco reía, ni cantaba. Incluso los niños preferían jugar en silencio, como si temieran ser escuchados por algo que acechaba en el aire.

Hubo un año donde un fuerte invierno cubrió la aldea como el musgo cubre las rocas, y nunca se fue del todo. Incluso en verano, el viento que descendía desde la montaña era helado, un viento que arañaba los pulmones como uñas invisibles. Las noches eran anormalmente oscuras y pesadas como el plomo donde solo se percibía el crujir de ramas y hojas proveniente del bosque que rodean el lugar.

Los habitantes se miraban unos a otros en la taberna, en la plaza, incluso en la iglesia abandonada. Sin embargo, bajaban siempre la mirada en cuanto los pensamientos oscuros intentaban salir por sus bocas. Aprendieron del silencio, un silencio que evitaba provocar a aquello que vigilaba desde lo alto. Nadie lo decía, pero todos lo sabían: la montaña estaba viva.  

No de la forma en que viven los animales o las plantas, sino como algo inconmensurable, algo más cercano a un pensamiento eterno que a la materia. Su presencia impregna la tierra y la sangre de quienes moraban a sus pies. La montaña los miraba sin ojos, los vigilaba sin rostro, y jugaba con ellos como un cazador juega con la presa antes de dar el zarpazo.

Los aldeanos crecían bajo esa vigilancia muda, y la rutina era su única defensa. Trabajaban, dormían, trabajaban otra vez. Como hormigas huecas. Con el paso de los años, el frío les calaba no solo los huesos, sino la voluntad misma, hasta que se convertían en sombras de lo que habían sido. La juventud se les desvanecía sin dejar recuerdos, y el tiempo se volvía una neblina sin bordes.

Y entonces la vejez les alcanzaba. Aunque no de la manera convencional. Aquí, la montaña reclamaba lo suyo. Primero la mente se quebraba: olvidaban nombres, pero recordaban cosas que nunca habían vivido. Veían formas entre los árboles que nadie más veía, y escuchaban un murmullo persistente que parecía nacer del suelo mismo. Después llegó la furia. La docilidad de toda una vida se quebraba y los viejos atacaban con violencia a quienes tuvieran cerca, sobre todo a los niños, a quienes intentaban arrastrar hacia el bosque. Nadie sabía con certeza qué destino aguardaba a esos pequeños. Algunos decían que eran ofrecidos a la montaña como tributo, otros que la montaña los absorbía como un hongo absorbe la podredumbre del suelo.

Quienes lograban escapar contaban cosas imposibles: túneles húmedos bajo las raíces, pasillos que parecían respirar, cámaras donde la piedra palpitaba como carne, y voces, siempre voces, que repetían un murmullo burlón.

El mismo murmullo que los ancianos proferían una vez desterrados del pueblo:

“Hiat… hiat… hiat…”

Ya sin ropa y sin lenguaje, se internaban en el bosque, agazapados entre los pinos, acechando como animales famélicos. Desde la espesura, habia quienes alcanzaban a ver sus cuerpos huesudos, con la piel colgando como pergamino, sus ojos extraviados y la boca moviéndose sin cesar con aquel cántico aterrador. Cuando eran muchos, el murmullo se transformaba en un coro frenético, como un enjambre invisible que resonaba en los huesos, un cántico que helaba hasta la médula.

Y cuando la montaña los llamaba al final de su existencia, ellos lo sabían. Subían sin vacilación hasta la cima, caminando como sonámbulos entre la nieve y el hielo, y allí, en el último borde, se lanzaban al vacío con los brazos abiertos, como si se ofrecieran a un dios innombrable. Sus cuerpos se destrozaban contra las rocas, pero no había sangre suficiente para manchar la nieve. El viento se llevaba el eco de sus huesos quebrándose, y la montaña volvía a guardar silencio, satisfecha por un instante.

En aquel lugar el tiempo carecía de importancia. Nadie sabía cuántos años tenía realmente. Nadie era capaz de recordar cómo o cuando fue que llegaron ahí. Y sin embargo, todos lo sentían. Esa opresión en el pecho al caer la noche. Esa certeza de que algo estaba observándolos. 


El terror no era morir, sino ser de interés para la montaña y ser contado como parte de su juego eterno. La montaña no necesitaba matarlos; bastaba con vigilarlos, bastaba con dejarlos saberse presas. Y ellos obedecían, generación tras generación, marchitos, agotados, prisioneros de un ente que nunca habían visto, pero cuya sombra les robaba el tiempo y el espacio.







La Habitación


No fue capaz de recordar el momento exacto en que entró, o si alguien lo había empujado dentro, pero lo cierto es que allí estaba: una habitación sin ventanas, de muros lisos y desnudos, iluminada por una luz incierta, que no provenía de ninguna fuente concreta. El aire tenía un sabor metálico, como sangre reseca en la boca, y cada respiración le parecía más espesa que la anterior.

Al principio pensó que era un simple cuarto vacío. Cuatro paredes, un techo y un suelo y nada más. Pero a medida que pasaban los minutos —¿o eran horas, o días?— comenzó a percibir algo más profundo, una vibración bajo el silencio, como si las paredes mismas latieran de manera casi imperceptible.

Se dijo a sí mismo que era la imaginación, un truco de la mente para no sucumbir al tedio. Pero luego vino el olor. Un hedor viscoso, agrio, imposible de ubicar, que parecía emanar del concreto mismo. Y con el hedor, una sospecha: que no estaba solo.

La paranoia lo obligó a tocar los muros. Eran tibios, húmedos, como piel febril. Retiró la mano con repugnancia, convencido de que palpaba el límite de algo vivo, un útero colosal que lo había devorado y ahora lo digería lentamente. Intentó reírse de esa idea, pero la risa le sonó hueca, como si no fuera suya.

Comenzó a hablar consigo mismo. Primero para acompañarse, luego para imponerse la certeza de que aún era humano. Pero cada palabra que pronunciaba parecía resonar en doble, como si un eco interno, reptil y blasfemo, repitiera sus frases con ligeras distorsiones. “Estoy aquí, aún soy yo” murmuraba. Y en el eco, juraría escuchar: “Aquí estoy, ya no eres tú”.

El hambre llegó en algún punto. No recordaba cuándo fue la última vez que había comido, pero sus entrañas ardían de vacío. Soñó con carne, con fluidos espesos, con arrancarse tiras de piel para masticarlas como quien mastica cuero húmedo. Despertó con la lengua cubierta de sangre: se había mordido hasta desgarrarse el interior de las mejillas. El sabor era repulsivo y exquisito a la vez, como una comunión invertida, un sacramento que lo unía a la cámara en que estaba preso.

El tiempo perdió sentido. Se preguntaba si acaso no había muerto antes de entrar, y aquello era el purgatorio, o peor, un limbo que ninguna religión había osado describir. Había leído, en alguna parte, que los antiguos temían más al encierro eterno que al infierno mismo. Ahora comprendía por qué: el infierno es dolor; el encierro es duda. La tortura del infierno tiene sentido; el encierro, en cambio, carece de todo propósito. Y la mente, al buscar significado en lo que no lo tiene, se despedaza sola.

Una noche —o lo que creyó que era noche— soñó que el muro frente a él se abría como un párpado, y detrás se asomaba un ojo de magnitudes impensables. Un ojo que no parpadea, que no tenía pupila ni iris, sino que era un abismo líquido, infinito, que lo miraba y lo despojaba de todo vestigio de individualidad. Despertó gritando, convencido de que el ojo no había desaparecido. Que todavía lo observaba.

Empezó a arañar el suelo. Primero para distraerse, después para sentir bajo sus uñas el polvillo áspero que le recordaba que aún había materia más allá de su propia carne. Arañó tanto que las uñas se astillaron y cayeron como escamas. La sangre manchó la superficie, y el olor a hierro fresco se mezcló con el hedor ancestral del cuarto. Se preguntó si el cuarto se alimentaba de él, o si él, sin saberlo, se estaba fundiendo con el cuarto, volviéndose el pulso, el olor, el eco.

En algún punto, dejó de importar. Su nombre se deshizo de su mente. Intentó pronunciarlo en voz alta, pero sólo salió un sonido seco, como el graznido de un ave moribunda. Descubrió que ya no tenía identidad, que su memoria se había convertido en un charco turbio. Sólo quedaba el presente eterno de la habitación sin ventanas.

Y entonces lo comprendió: la verdadera prisión no eran los muros. Era la certeza de que nunca había existido nada fuera de ellos. Que los recuerdos eran invenciones de una mente necesitada de historia. Que jamás hubo un “antes”.

Sonrió, con los labios agrietados, al darse cuenta de lo inevitable. Si la habitación era infinita, entonces también lo era él. Si la habitación era carne, entonces él era un órgano suyo. Si la habitación era Dios, él era su plegaria.

Se tumbó en el suelo, escuchando el palpitar rítmico de los muros. Por primera vez, no sintió miedo. Sólo una certeza nauseabunda: que nunca había sido un hombre en una celda, sino una célula consciente atrapada en un organismo inconmensurable. Y que aquello que lo contenía no tenía rostro, ni forma, ni compasión.

La luz indeterminada se intensificó, hasta quemarle las retinas. Sonrió con la boca abierta, desdentada ya de tanto rechinar, y su último acto de existencia no fue más que un gemido febril que se fue apagando lentamente en el infinito de su muerte.


jueves, 11 de septiembre de 2025

El Otoño

El Otoño

Hay algo en el otoño que siempre parece llamar a la memoria.
El aire se vuelve más frío, pero también más íntimo.
Los colores del mundo se transforman en un mosaico de ocres, dorados y rojos, y es como si cada hoja que cae llevara consigo un recuerdo.

Caminar bajo los árboles en esta época es un viaje en el tiempo.
De pronto, la mente comienza a rescatar rostros que creíamos olvidados: la sonrisa de alguien, la mirada de quién ya no esta, las risas que llenaron tardes que ya no volverán.
El otoño tiene ese poder de hacernos detener y mirar hacia atrás, de hacernos sentir que hemos vivido.

No es solo nostalgia; es un abrazo suave que nos dice que esas pasiones, esos amores, esas emociones, siguen vivos en nosotros.
Que aunque el tiempo pase y las hojas caigan, lo que fuimos permanece en la memoria, igual que los árboles que cada año se desprenden de su follaje pero vuelven a florecer.

Quizá por eso el otoño siempre me ha parecido una estación de reencuentros internos.
Una oportunidad de reconciliarse con el pasado, de agradecerle a la vida por lo bueno y también por lo difícil.
Es el recordatorio de que somos un mosaico de momentos, y que cada uno de ellos nos ha hecho quienes somos.

Hoy, mientras camino y las hojas crujen bajo mis pies, me descubro sonriendo.
Porque en cada color que pinta el otoño hay un recuerdo que me acompaña, y en cada recuerdo hay una pequeña chispa de lo que sigo siendo.

sábado, 6 de septiembre de 2025

75 Días

 Han pasado 75 días desde que llegué a Polonia. Setenta y cinco amaneceres distintos, lejos de lo conocido, lejos de las voces que me daban calma y de los rostros que eran mi refugio. A veces me sorprendo de lo rápido que pasa el tiempo, y otras veces siento que cada día pesa el doble.

Estar lejos es un reto de fuerza de voluntad. Uno no se aleja de casa por gusto al vacío, sino por esa necesidad de buscar oportunidades, de atreverse a entrar en lo incierto, aun cuando el corazón se aferra a lo que ya conoce. En ese viaje, la soledad se convierte en compañera: a veces cruel, a veces noble. Cruel porque recuerda constantemente lo que falta, pero noble porque obliga a mirarnos de frente y descubrir de qué estamos hechos.

Aprender a lidiar con la soledad no es sencillo. Hay días en los que me parece un muro infranqueable, y otros en los que descubro que también es una puerta hacia la calma, hacia el reencuentro conmigo mismo. En este camino encuentro más preguntas que respuestas, pero quizás de eso se trata: de aprender a convivir con la incertidumbre, sin perder la esperanza de que cada paso me acerca más al futuro que busco.

Hoy, al mirar atrás y contar 75 días, no me siento derrotado. Al contrario, me siento más consciente de la fuerza en mi para resistir, crecer y confiar en que todo este trayecto valdrá la pena sin importar lo que pase al final.

martes, 2 de septiembre de 2025

Contra la soledad

Contra la soledad

Hay días en que la soledad pesa más que otros. No se trata de un silencio absoluto, sino de la ausencia de esas voces y rostros que me acompañan en los recuerdos: familia, amigos, momentos compartidos que vuelven a mi mente con nitidez. Cada memoria es como una chispa que ilumina, pero también recuerda la distancia.

En medio de este espacio, a veces me descubro necesitando esa fuerza interna que me mantenga en pie. No es una lucha dramática, sino una batalla silenciosa: la de no dejar que el aislamiento me haga perder el centro. Sé que basta con leerles, con escucharles aunque sea a través de mensajes o llamadas, para volver a sentirme cerca, para recordarme que pertenezco a algo más grande que este momento.

La soledad, al final, no siempre es enemiga. También enseña, también moldea. Pero confieso que se vuelve más llevadera cuando está acompañada de las voces queridas que me recuerdan quién soy y hacia dónde voy.

viernes, 29 de agosto de 2025

The man who sold the world ° David Bowie

 We passed upon the stairs

We spoke of was and whenAlthough I wasn't thereHe said I was his friendWhich came as a surpriseI spoke into his eyesI thought you died aloneA long long time ago
Oh no, not meWe never lost control

You're face to faceWith the man who sold the world
I laughed and shook his handAnd made my way back homeI searched for form and landFor years and years I roamedI gazed a gazeless stareAt all the millions hereI must have died aloneA long, long time ago
Who knows? Not meWe never lost controlYou're face to faceWith the man who sold the world
Who knows? Not meI never lost controlYou're face to faceWith the man who sold the world
Who knows? Not meI never lost controlYou're face to faceWith the man who sold the world

jueves, 28 de agosto de 2025

Con la verdad en las manos

 

Con la verdad en las manos

A veces creemos que las decisiones son finales, que un “sí” o un “no” determinan por completo el rumbo de nuestra vida. Pero la verdad es que la existencia es un proceso continuo de ajuste, de replantearnos lo que creíamos seguro y de atrevernos a cambiar de dirección cuando algo ya no resuena con lo que somos.

No hay deshonra en modificar el camino; al contrario, en ello se esconde una forma de honestidad profunda, casi radical: reconocer que hoy no somos exactamente quienes fuimos ayer. Cambiar de decisión no significa debilidad, significa atreverse a escuchar lo que dentro de nosotros pide ser atendido.

Cada situación tiene más de un ángulo. Podemos mirarla de frente y no entenderla, pero al girar, al intentar de nuevo, aparecen matices que antes se ocultaban. Y es en esa multiplicidad de perspectivas donde crecemos. No se trata de encontrar una respuesta definitiva, sino de descubrir quiénes somos mientras buscamos.

El presente exige verdad. Una verdad sin adornos, sin máscaras, que pueda sostenerse en nuestras manos aunque pese, aunque incomode. Porque solo desde allí, desde esa honestidad con nosotros mismos, es posible construir un futuro sólido, real y propio.

Mirarnos con valentía, aceptar los cambios de decisión y atrevernos a intentarlo tantas veces como sea necesario no es perder el rumbo: es, en esencia, aprender a caminar de verdad.

domingo, 17 de agosto de 2025

El arte de la amistad

 Hay algo en la amistad que va más allá de las palabras, más allá de los gestos y las promesas. Es una fuerza silenciosa que nos acompaña en los días claros y nos sostiene en los oscuros. La amistad, cuando es verdadera, se convierte en un refugio y en un impulso: nos anima a seguir, a crecer y a creer en lo que llevamos dentro.

Esa misma energía se refleja en las pasiones que cada uno cultiva. Crear arte —ya sea con pinceles, con música, con letras o con la simple capacidad de imaginar— es una manera de dialogar con el mundo y con nosotros mismos. El arte nace de lo íntimo, pero se transforma y cobra vida cuando es compartido.

La amistad y el arte se tocan en un punto esencial: ambos nos recuerdan que no estamos solos. Cuando un amigo aprecia nuestra obra, la entiende, la celebra o incluso la cuestiona, el acto creativo adquiere un nuevo sentido. Y cuando compartimos pasiones, descubrimos que las ideas, las emociones y los sueños se multiplican, como si en cada gesto creativo estuviera latiendo también el corazón de quienes nos acompañan.

Crear, entonces, no es solo un impulso personal, sino también una celebración colectiva. Es la manera en que nuestras amistades dejan huella en nosotros, y en que nosotros dejamos huella en los demás.

La vida, al final, es también una gran aventura. Cada día nos invita a descubrir lo inesperado, a caminar por senderos que no siempre imaginamos. En ese recorrido, la amistad se convierte en brújula y el arte en bitácora: uno nos guía y el otro nos permite registrar, interpretar y embellecer lo que vivimos.

Las aventuras no siempre llegan en forma de viajes lejanos; a veces se presentan en una conversación nocturna, en un proyecto improvisado o en el simple hecho de atreverse a soñar juntos. Y en esas pequeñas y grandes aventuras, la amistad nos impulsa a atrevernos, mientras que el arte nos ofrece la manera de convertir esas vivencias en memoria, en emoción y en testimonio.

Así, la vida se vuelve más rica cuando se comparte y más profunda cuando se crea. Porque al final, lo que recordamos no son solo los lugares o los logros, sino las personas que nos acompañaron y las huellas artísticas que dejamos en el camino.

viernes, 15 de agosto de 2025

Entre raíces

Entre raíces


Hoy sentí que el alma me pedía un respiro, uno de esos que no se encuentran en casa, sino en lugares donde la tierra habla y el cielo escucha. Ven, camina conmigo...


El sendero se abre como un antiguo pergamino escrito con hojas secas y sombras suaves. El suelo cruje bajo nuestros pasos, no como ruido, sino como un lenguaje secreto que solo los árboles entienden. El aire huele a lluvia lejana y a historias olvidadas, como si el bosque guardara memorias que quiere confiarnos.


Cada paso es un desprenderse. Atrás quedan las prisas, las voces, la carga invisible que llevamos sin darnos cuenta. Aquí, el tiempo se diluye. Un pájaro canta, y juro que por un instante su canto parece un conjuro para ahuyentar la tristeza.


Nos detenemos... Cierra los ojos conmigo. Siente cómo el viento roza tu piel como si quisiera recordarte tu nombre verdadero, ese que solo conoces en sueños. La luz se filtra en finos hilos dorados que parecen bendecir la tierra. Respira. Una vez. Otra. Deja que el aire entre y se lleve lo que no necesitas.


Cuando abrimos los ojos, el sendero ya no es el mismo. O quizás somos nosotros quienes hemos cambiado, como si hubiéramos bebido de una fuente invisible. Y aunque pronto regresaremos —tú a tu vida, yo a la mía—, llevaremos un amuleto invisible: este instante suspendido, este bosque grabado en la memoria, al que podremos volver siempre, aunque solo sea cerrando los ojos.

domingo, 10 de agosto de 2025

Entre dos latitudes

Entre dos latitudes

Hay días en que despertar en un país extranjero se siente como vivir en dos mundos al mismo tiempo. Aquí, en Polonia, todo es nuevo: el frío de la noche es distinto, las calles que cuentan historias que no son las mías, el idioma que aún no termina de encontrar espacio en mi boca. Y, sin embargo, en medio de esta novedad, mi mente vuelve una y otra vez a las risas de mis amigos, a la voz de mi familia, al olor de mi tierra.

La nostalgia llega sin avisar. A veces basta una canción, un aroma o una comida improvisada para abrir una grieta y dejar que se cuele la melancolía. No es tristeza pura: es una mezcla extraña entre extrañar lo que fui y admirar lo que ahora estoy intentando ser.

Porque, aunque haya días pesados, estoy aquí por una razón: para demostrarme que puedo. Que soy capaz de salir de mi zona de confort, de aprender, de adaptarme, de sobrevivir y también de disfrutar. Que puedo convertirme en alguien que vive con un pie en su pasado y otro en su futuro, y que, a pesar de la distancia, no pierde la esencia de lo que lo trajo hasta aquí.

Este camino no es fácil. Pero cada día fuera, cada paso que doy en esta tierra ajena, es una prueba más de que soy más fuerte de lo que creía.

Y eso, aunque la nostalgia pese, es algo que me llena de esperanza.

viernes, 1 de agosto de 2025

Cruce en rojo

En la noche callada, la ciudad se detiene,
las luces en rojo respiran su pena.
Ni pasos, ni autos, ni voces que suenen,
solo el frío y el viento hacen escena.

Cruce vacío, frontera sin prisa,
como un alma que espera.
Bajo el neón rojo que nunca avisa,
los pasos cruzan, son de ánima extranjera.

miércoles, 30 de julio de 2025

37 Días

Hace 37 días llegué a este sitio. Vine repleto de nervios y muy tenso porque nunca había viajado así antes ni mucho menos solo.  Siempre llevaba conmigo el temor de perder mi vuelo, no hallar las puertas de embarque o incluso no encontrar el autobús que necesitaba para salir del aeropuerto.  Cuando logré resolver todo eso, el miedo continuó porque mi viaje aún no había terminado; aún tenía que usar trenes y moverme entre calles con nombres difíciles de pronunciar. 


No fue sino hasta el segundo o tercer día que mis inquietudes se apaciguaron un poco, lo que me permitió descansar mejor. Aunque todavía estaba lejos de sentirme completamente relajado, empecé a sentirme algo más a gusto gracias a la cálida bienvenida que recibí en la casa donde me hospedé. 


El tiempo seguía transcurriendo y tenía que adaptarme lo más pronto posible a este sitio.  Necesitaba familiarizarme con sus calles, tiendas, tradiciones, idioma, estilo de vida y todo lo esencial para mantenerme aquí sin causar molestias a nadie. 


Planifiqué todo lo que pude antes de salir de México, y dentro de esos planes estaban mis gastos. Debo confesar que no he sido muy estricto con mi presupuesto, incluso me he permitido algo extra para disfrutar de la ciudad. Sin embargo, sabía que en algún momento el dinero se reduciría y tendría que ahorrar para regresar si lo deseaba.  Pero esto no fue un error; era lo que quería, en cierta medida. 


No tengo intención de regresar sin haber dado lo mejor de mí para que esto funcione.  Si funciona y me gusta, seguiré aquí, y si no, regresaré sin más. Para ello, me puse una meta a corto plazo de tres meses, tiempo más que suficiente para ahorrar para mi regreso.  Pero realmente quería ver esta experiencia como un desafío, y en estos 37 días ha sido el mayor reto de mi vida hasta ahora. 


Quedan dos meses más, y no pienso rendirme. 


miércoles, 23 de julio de 2025

Señorita locura

Creo que ha llegado el instante de reconocer que se ha paso de una tragedia a una farsa, de la necedad a la locura.

La veo. Me mira. Ahí esta, al otro lado del lago, siguiendome a todos lados pero sin prisa. Cada noche escucho sus pasos rondar por las calles aledañas, sus pasos firmes y arritmicos se vuelven un taladro en mi mente.


domingo, 20 de julio de 2025

Aceras

 Hay una edad (malditos años que se cuelan sigilosos y corrosivos transformando cada experiencia) en la que todo te parece una historia repetida.

Qué calor, cuánta gente, cuántas flores brotando de las aceras, cuánto silencio.

Parece que ni siquiera los autos hacen suficiente ruido, siento el cambio drástico de haber crecido en una de las ciudades más pobladas del mundo y ahora estar aquí. 


¿Por qué salí a la calle? Creo que lo comprendo de pronto. Vine a llenarme de calle porque soy hereje y no tengo una iglesia para refugiarme.


Salí para pensar, o intentarlo. Salí a encontrarme un poco, o perderme quizá. En estos momentos no hay mucha diferencia para mi, ambas son buenas opciones.


miércoles, 16 de julio de 2025

Desasosiego

Hoy es un día soleado pero me siento intranquilo y no lo estoy disfrutando.

Entra el viento fresco por la ventana y me da de lleno, me mantiene despierto y trato de enfocarme en mis trabajos y pendientes. Un faltan varias horas para mi siguiente turno en el trabajo....

Me siento en una encrucijada, casi se cumple un mes de estar aquí y de momentos siento que no lograré quedarme mucho tiempo,. Y no es por que no me guste o porque no sea una buena oportunidad, es algo muy simple y seguramente para varios ojos ajenos esto será una estupidez.... pero, la soledad.

En serio, la soledad te da los golpes mas fuertes en la vida. Sabia que esto pasaría y auqnue trato de distrareme y convivir con pas personas cercanas aquí, no es lo mismo. Es decir, si estar cerca de personas bastaría para no sentirse solo sería muy facil quitarme esta sensación de encima. Pero no lo es, es dodiamente complicado.

Quiza para algunos lo será más, para otro menos. Pero para mí es muchisimo. Por mucho que intento mantener contacto por mensajes o llamadas con mis seres queridos simplemente no me basta.

¿Cuánto tiempo durará esta sensación? 

Esto se esta convirtiendo en el reto mas grande de mi vida, donde no se trata de ganar o no, se trata de abrir una puerta de oportunidad y mantenerla abierta para quien venga detras de mí, almenos eso es lo que yo deseo.

domingo, 13 de julio de 2025

Un acto de valentia

 Me es irreal aún por las noches el verme caminando por las calles de esta ciudad. Y quiza, estuve tan acostumbrado a la vida diaria de la Ciudad de México que hay situaciones aquí que me crashean la mente, situaciones buenas o incluso... no es que sean buenas en si, sino que así es como debería de ser no? 

Me refiero a que llevo casi medio mes aquí y juro que no he escuchado un solo claxon en todo este tiempo, ni gritos en la calle, ni peleas callejeas. Seguramente los hay, no digo que no existan pero es que estan en un estado minimo.

Si, México es especial y se le extraña pero el choque cultural es abismal y si pongo en una balanza situaciones tan pequeñas estaría perdiendo por mucho el corazón de México. Nos hace falta más cultura y empatia social para tener, disfrutar y cuidar un poco de esto.

Calles limpias, respeto por la propiedad ajena, educación vial de alto nivel y el cuidado pornel medio ambiente es algo que nisiquiera ha sido impuesto solamente por su gobierno, sino que son las mismas personas quienes deciden tener actos más humanos. No neceistan un reglamento que les diga como comportarse para saber como comportarse.

Llegue aquí buscando camino y con la esperanza tener un futuro mas digno, pero con todo esto que ha abierto puertas me hacer pensar en la necesidad de querer abrir mas y dejar el miedo a para despues.

Esto es un acto de valentia. 

miércoles, 9 de julio de 2025

Un resprio

 Necesito darme un respiro para no caer en la locura. OK, quiza eso suena muy exagerado... comencemos otra vez.


Necesito darme respiros para poder pensar con claridad y no perder el proposito de todo este viaje, ni que el proposito me domine a mi. (si, así esta mejor)

Encontrar un hobbie es facil, almenos siempre me ha resultado fácil a mi, el problema es que no se dosificarme y cuando me gusta, de verdad me gusta! Se sabe que no hay puntos medios conmigo, y para esto no es la excepción. Si encuentro algo lo voy a atrapar y consumir dia y noche hasta los mas minimos detalles, por necesito y ansio ese extra que algo que me gusta se haga de verdad especial.

Por ejemplo, la musica. Existe X banda que de repente conoci y me gusto, entonces me doy a la tarea de escuchar tooodos sus albums y si esa pasion sigue creciendo me sigo derecho hasta verme todos sus conciertos en vivo, sus entrevistas, sus noticias, sus giras y hasta las mil curiosidades sobre dicha banda. Esto al punto de que tener que saberlo todo auque ese conocimiento no me sirva realmente de algo util en mi dá a día. Y la música es solo un ejemplo, porque puedo extrapolar esto a cualquer cosa.

Asi que, aqui en medio de algun lugar del este de europa estoy buscando un hobbie, de momento he estado caminando por cada calle y rincon haciedome un mapa mental de todos los negocios cercanos y tratando de identificar a la gente en la calle, al ser una ciudad pequeña es facil reencontrarse con las mismas personas. Asi llegue a..... tan tan taaan! la tienga okos! un lugar donde venden minis y pintura! y aqui estoy ahora... gastando mi tiempo libre pintando muñequitos. almenos hasta hacer un ahorro extra y comenzar a salir a ciudades mas lejanas por que necesito evnetualmente conocer Cracovia, Varsovia y Auszchwitz, quiza despues traiga noticias sobre ello.

Nota, estas estradas estan siendo un recurso muy util para mi para afrontar mis dias aca. De momento son mi lugar oculto, por decirlo de alguna manera. Ya se que hay errores ortograficos, pero no es relevante eso por ahora.

jueves, 3 de julio de 2025

Una semana despues

 Se ha cumplido una semana de que sali de casa, han sido días casi irreales. Vuelos llenos de ansiedad y angustia puesto que no habia viajado antes y ahora tenia que surcar varios paises sin mucha ayuda. Perderme en el averopuerto (que si paso) o perder tal cual el vuelo eran cosas que me sacaban de balance. Pero al final todo se soluciono auque la ansiedad no se fue... senti como clarito se almacenaba dentro de mi, más y más hasta que la tercer noche aqui detono.


Aquella noche no pude mas y me desmoroné, me sneti tan lejos y tan solo que no sabia de donde agarrarme. No podia renunciar ni regresar a casa auque quisiera, no habia manera fisica o quiza economica que me lo perimitiera y una pelea interna de dos voces comenzo en mi...

Por un lado, el miedo me decia que dejara todo asi y regresara sin mas ya que allá tenia un hogar, amigos y familia que me recivirian sin dudar... pero tambien otra voz me decia que no, que era momento nuevamente de enfrentarme al mundo. Lo habia hecho antes y podria repetirse, incluso podria salir mucho mejor... entonces me quede.


Me quede pero el miedo no se fue y aqui sigue, aunque creo que comenzamos a llevarnos mejor cada vez. Se calma a leer mensajes, al escuchar audio y ver videos de aquellos amigos que estan del otro lado del mundo. Quisiera poder abrazarlos otra vez, esa es mi nueva meta.

domingo, 29 de junio de 2025

Golpe de realidad

 Aún no puedo coordinar mis tiempos de sueño. Desde que dormi mal en el avion y despues en el aeropuerto mi cuello esta más chueco que nunca. Claro, a esto debo sumarte el estres y el revoltijo que he tenido de emociones por todo el movimiento que fue este cambio. 

Venir a Polonia fue desde un inicio una oprtunidad de crecimiento, sabia que no seria facil y se que tampoco me hare milllonario, pero si acaso hay un camino por el que pueda encontrar herraminetas para que yo y mis seres queridos estemos un mejor, aunque sea un poquito... la voy a tomar. No se si funcione percetamente siempre, no se si solo dure una temporada... pero el tiempo que este aquí dare lo mejor de mi por que se que soy capaz y se que tengo las fuerzas y conocimiento para hacerlo.

Me dijeron que esto era valiente, yo digo que también es un poco estupido o impulsivo pero siendo honestos, muchas desiciones en mi vida han sido impulsivas y por suerte o fuerza he salido adelante. Cruzar el oceano y fronteras fue solo el inicio, y es que el viaje no fue sencillo pues cabe resaltar que nunca habia puesto mi trasero en un avión y aun así .... vaya... estoy dando muchas vueltas para llegar a un punto asi que ahorremonos eso que ya todo el mundo sabe...

La primer noche paso sin mucho golpe, posiblemente por el desgaste y cansancio. Pero la segunda, tercera y demas han sido muy pesadas. Intento estar comunicado con mi pareja y amigos, hablar de lo que sea para no snetirme solo... pero me es dificil. No se otras personas, pero a mi esto me esta pegando mucho y apenas estoy espezando, confio en que con el tiempo lo pueda asimilar mejor y trabajar mejor pero y si no?... 

Hay un tipo de soledad nueva que estoy descubriendo... 

viernes, 27 de junio de 2025

Zory

 Zory, es el combre la ciudad contigua a donde vivo. Llamar cuidad a cada parte de Polonia es demasiado, no lo parecen pero tampoco les llamaría pueblo.

Es un lugar muy bonito, encontre un carrousel y una pequeña estatua de un duendecillo con armadura, no se si esto representa algo pero en cuanto lo descubra lo compartire. Ahora, ¿porque fui allá? bueno, fui para hacer mi examen medico, llegue demasiado temprano y tuve que esperar en un parque pequeño. 

Una vez que comenzo los nervios se pusieron en alerta, comunicarme lo que me iban a hacer y lo que necesitaba que hicieran estaba en una dificiltad titanica si le sumamos que los terminos medicos de por si suelen ser complicados. Imaginen la letra de un doctor, compleja verdad? ahora imagina la de un doctor polaco! 

Al salir y de vuelta a casa cai en cuenta de algo muy curioso. Los edificios, no los nuevos... los antiguos. Esos que estan llenos de plantas, semi derrumbados y con la pintura cayendose en pedazos grandes. Esos edificios facilmente son de aquella epoca donde los alemanes estaban en estas calles. Me pregunto si los han dejado asi como una muestra de recordar ese pasado que marco al país....



jueves, 26 de junio de 2025

Primeras 24 horas en suelo Polaco

 Bienvenido! a mi mismo, me digo. Es decir, seguramente alguien más ya me lo habrá dicho pero pon el nulo conocimiento del idioma natal de este lugar no pude decifrar dicho mensaje.


Creia que se snetirá frío y hasta cierto punto prepare mi equipaje para ello, pero la verdad es que el calor que se siente es evidente, claro, es verano. No se, solo pense que aún en verano el calor seria minimo en un pais frío como este. 

Llegue y me presente ante mi coordinadora asignada para comenzar los procesos previos al trabajo. Ah, es verdad, omiti ese detalle... en resumen estoy aqui por trabajo. Y bueno, las entrevistas han sido cortas pero contundentes. Me mostraron la planta y el lugar donde estare pasando las siguentes noches. 

En cuanto al area de trabajo, es linda, para ser una fabrica. Todo esta automatizado y hay robots de todos los tamaños y se da a notar el avance y la organización que tienen aquí a diferencia de mi pais. Incluso el are ade trabajo mas simple esta cuidada al detalle dando prioridad a la seguridad de los usuarios. No debería  de sorprenderme pero es que aunque se a algo super basico, no es común de donde vengo.

Ahora, hablemos un poco del hospedaje. La casa no es la más grande, pero esta bien distribuida y cuenta con todos los servicios (agua, luz, internet, gas, lavandería, etc). No he conocido a todos los habitantes pero calculo que son 15 personas viviendo aquí y estan distribuidas en recamaras de dos en dos. Las recamaras no son grandes, tiene su propio baño y un par de muebles para organizar ropa y accesorios, lo basico de los basico. Donde me quedé yo agradezco que haya una ventana pues necesita una limpieza y que se ventile, espero hacer algunos cambios en eso durante mi estadía para hacerlo mas ameno. No creo que el compañero de cuarto sea conflictivo, es hasta el momento bastante accesible y me ha dado algunos tips para la vida diaria.

Uno muy util fue que me ayudo a descargar una app para obtener buenos descuentos en las tiendas y aún así debo admitir que si es un país donde no se suele gastar mucho. La ultima ves que fui comple un par de cosillas para cocinar y gaste menos de 100zl (zloty es la moneda de aquí) por llevarme bastantes cosas que espero me rindan por lo menos dos semanas.

Intentare seguir contando más detalles de esta travesía en mis tiempos libres.

miércoles, 25 de junio de 2025

Del otro lado del océano

Cuando era niño, mis papás me traían a ver lo aviones despegar. Ahora, han pasado solo un par de años. (poquitos, casi nada) y en este mismo lugar comienza la primer página de lo que definitivamente será una aventura.

domingo, 22 de junio de 2025

Despedidas y Sueños

Despedidas y Sueños: Un Viaje al Desconocido

A unas horas.... 
Hoy dejo atrás todo lo que conozco y amo para emprender un viaje desconocido (bueno, casi). Me siento nostálgico al pensar en dejar atrás a mis seres queridos, mis amigos y mi familia. La idea de no poder ver sus sonrisas y compartir momentos con ellos durante un tiempo es difícil de soportar.

Pero también estoy emocionado. Estoy emocionado de explorar nuevos lugares, de conocer nuevas personas y de descubrir nuevas culturas. Estoy emocionado de desafiarme a mí mismo y de crecer como persona. El viaje es un sueño y una oportunidad.

Quiero agradecer a todos los que han sido parte de mi vida hasta ahora. Gracias por su amor y apoyo incondicional, gracias por las risas y los momentos compartidos. Y a mí mismo, gracias por tener el coraje de seguir avanzando y de tomar el camino menos transitado.

Este viaje es un nuevo capítulo en mi vida, y estoy listo para escribir la nueva historia. Estoy listo para descubrir quién soy y qué puedo hacer. Estoy listo para vivir.

"La vida es un viaje, no un destino."
Esta cita de Ralph Waldo Emerson me ha acompañado durante un tiempo, y ahora más que nunca. El viaje es el proceso, el crecimiento, el aprendizaje. Y estoy emocionado de ver qué me depara el camino.

Hasta pronto, amigos. Estaré en contacto y les contaré sobre mis aventuras. ¡Que la aventura comience! 🌏✈️

A cada corazón compartido.

Hay recuerdos que regresan sin hacer ruido. Llegan despacio, como llega la tarde cuando uno está distraído mirando por la ventana. No anunci...