Me gusta hablar de lo bueno de la vida, eso me gusta, eso que ríe, eso que hace que todo parezca tan liviano, que hace que flotes, que sientes que vuelas.
Dicen que uno habla de aquello que no tiene, de lo que le falta. Yo procuro hablar de lo que tengo, lo que me sobra y que a sangre y sudor conseguí. La vida me tiro, me odio y me abrazo después.
Encontré algo que lleno vacíos, que me hizo ver cosas que no veía, me dio herramientas para vivir mejor. Y que con este entusiasmo no se puede quedar uno sino que lo tiene y lo quiere compartir.
Durante mi vida se formaron vacíos donde las cosas se iban desvaneciendo, busque tapar el hueco con elecciones rapidas que solo duraban un momento y después dejaban aún más grande ese agujero en mi.
Deje la incompletitud, pena y llanto, el vacio empezó a empequeñecerse hasta que ya pude andar sin sogas.
Y llegaron los miedos cada vez mas esporádicos y alegrias menos intensas pero mas rocosas. No tengo como explicar esto, es como una alegría constante más allá de las penas que te atraviesan.
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