De igual modo nada es general, es el 'Yo más uno', el que penetra en el mundo, el resto pertenece para siempre a la mediocridad inmortal, las pesadillas tienen la forma aniquilada del nuevo ser, que deambula por ellas, primero como intruso, luego como un recuerdo y al final como un anhelo efímero.
Las manos rodeando la cintura acompañan la vigilia del sueño, pero hay un lugar imprevisible entre nosotros, la distancia neurótica sigue siendo el enemigo. La no conciliación entre la inocencia y la asfixia.
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