Conozco la desesperación en sus más grandes rasgos. Cuando solo le da por ponerse idiota hasta cuándo realmente se calla en tu cerebro, grita y amenaza con lanzarse al tren.
Conozco la desesperación desde lo suave de sus piernas hasta el hoyo más profundo de su existencia, especialmente en las noches.
Cuando me la cojo me desprecio, le gritó mil veces y la golpeó mientras gime como loca, porque le gusta perder el control y le gusta. Odio que le guste.
Lo que ella no sabe es que pienso matarla muy pronto...
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