A usar la violencia cuando fuese necesario me enseñó Satanás está madrugada.
Esperaba la luna y los ciclos de cumplian entre nosotros cuando al bajar las escaleras y entrar, una voz de mujer reinaba en la sombra y me quitó las telarañas de la cabeza.
Tenía una metáfora en la punta de la lengua y un cultivo de besos fierro en mi quijada.
Tenía una viga fuerte apuntando al cielo y sueños de juguete debajo de la almohada.
Tenía un duende en la oreja, un Dios.
Tenía hambre de vida, y ahora ya no.
Ya no tengo nada.
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