Padecemos la separación de la piel, de los labios.
Padecemos el cielo, el desvelo indomable.
Parecemos perder casa instante.
Las lágrimas despertaron antenoche presionando si mano diminuta. Recuerdo aún si cuerpo destrozado repleto de sangre junto a mis piernas, el dolor de mis rodillas quebrado en el pavimento. Escucho el sollozar de mi garganta en cada huevo de silencio, lo vi, en esa imagen chata desperdiciara de originalidad, vi la monstruosidad del ser amado falleciendo otra vez.
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