álamos nuestras voces poderosas,
torciendo las palabras y las cosas,
privando a la razón de su sentido.
Inflamados, volátiles cerillos,
laceramos con juicios lapidarios
las mejillas del amor. Carcelarios
cerrojos nos aprietan los anillos.
Y cuandl se disipa la ceguera,
se retraen esas espinas egoístas
que nos hacen brincar con sus aristas...
Las almas retornan a su esfera.
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